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Red Internacional

El director general de escuelas, con una intencionalidad aleccionadora, se dirigió a docentes y familias para atacar el paro y dividir la comunidad. Les preocupa que la solidaridad se haga costumbre y se transforme en organización. Vamos al paro por 72hs y nos movilizamos el miércoles a las 10hs.

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Domingo 7 de agosto | 09:57

En un discurso por TV, se refirió a garantizar el "derecho a la educación" y en el mismo movimiento depositó esa responsabilidad en docentes y familias, instando a que vayamos a enseñar y enviemos a nuestros hijes a la escuela. Este corrimiento no es nuevo, históricamente el sostenimiento del sistema educativo ha abusado de la (mucha y buena) voluntad de quienes hacemos escuela cotidianamente.

Ropero escolar, mejoramiento de meriendas y almuerzos, rifas y ferias que pagaron mejoras edilicias, compra de tizas, marcadores, hojas, cartulinas, material de limpieza, etc., etc. es una cotidiana sangría de nuestros flacos bolsillos.

Casi todo, en la escuela, es posible gracias a la organización de docentes, celadores, estudiantes y sus familias. Incluso, en tiempos de no presencialidad por una pandemia que no elegimos, las docentes recorrimos casas para la entrega de materiales educativos, reforzamos bolsones de alimentos, distribuimos dispositivos que fueron donados por la misma comunidad, acompañamos familias atravesadas por el covid, reinventamos la didáctica para que la escuela siga siendo, transformamos comedores, piezas, livings en aulas virtuales.

Cada inicio de año, las redes sociales también se inundan de docentes y familiares pintando aulas, arreglando sillas, bancos, armando carteleras de bienvenidas. A pulmón, y otra vez, aportes de nuestros bolsillos.

Entonces, la responsabilidad, que debiera ser del estado nacional y provincial, que se supone indelegable respecto del derecho social a la educación, siempre ha tenido prioritariamente nuestros nombres. El de trabajadores y trabajadoras de la educación de todo el país, y familias, que sostuvimos y sostenemos la no presencialidad, y la presencialidad también.

¿Desprecio? No mostramos ningún desprecio por bancar la escuela, y también pagamos dispositivos, conectividad, cedimos tiempos de descanso y personales para mantener la escolarización.

¿Desprecio? Abrimos la escuela, la limpiamos, preparamos meriendas, las distribuimos, preparamos clase, tomamos asistencia, hacemos seguimiento, nos reunimos con las familias, preparamos informes, averiguamos por profesionales para atender situaciones psicológicas, fonoaudiológicas, de visión, de aprendizaje, conseguimos libros, reciclamos material, adornamos los edificios para cada fiesta, compartimos cumpleaños, bienvenidos, despedidas, y un sin fin de etcéteras.

Desprecio por la presencialidad, dijo José Thomas. Nos parece un comentario bastante autorreferencial de quien no pisó nunca un aula de escuela.

Pero opinamos que hay más. Es cínico reconocer que hay miles de estudiantes que llegan a la escuela con hambre y con frío y no garantizarle, mínimamente las raciones para atender este emergente. Y más aún, no garantizar a las familias trabajadoras un salario digno.

Hay docentes con decenas de años de antigüedad que siguen siendo pobres, y comparten esa condición con trabajadores de varios sectores más. Es válido preguntarse quién desprecia a quién y quiénes desde el privilegio de un sueldo abultadísimo y los privilegios de una casta que mira todo desde lejos, quieren aleccionar a quienes luchamos por mejoras en nuestras condiciones de vida y trabajo.

El intento por demostrar falsamente que la propuesta salarial le ganaba a la inflación y así ganar la simpatía de las familias no funcionó. Eso los indigna.

Es que las familias y docentes venimos trabajando en red hace años. Y estamos viviendo de igual a igual las consecuencias de la crisis. En estas últimas semanas el apoyo explícito y masivo de las comunidades fue fundamental para sostener la lucha y fortalecernos y convencernos de seguir. Los dichos y desdichos del director general de escuelas no nos fracturó; al contrario, sumó enojo y multiplicará la necesidad de organización.

El desprecio por el sindicato, a partir de la ridiculización del "método Baradel" y el reconocimiento de que las infancias no están sindicalizadas, no es nuevo pero sí desconoce que la medida de lucha del paro fue votada por las bases, en cada escuela, que se viene construyendo desde hace tiempo a partir del hartazgo y que se exige al SUTE desde hace varios meses.

Ya sabemos que la voz de las infancias les molestan. Ya sabemos que la solidaridad les preocupa.
Y sabemos que ni somos ni queremos ser "Baradel" en las escuelas.

Porque mayoritariamente queremos desplegar el debate, profundizar la organización, fortalecer la unidad con las familias. Y es lo que venimos haciendo, por eso la masividad del paro y la movilización. Queremos pelear en unidad y hacer efectivo el canto "unidad, de lxs trabajadorxs…”. No somos Baradel, ni ningún dirigente atornillado. No somos corderos de políticos, también responsables de esta crisis brutal.

Somos trabajadores y trabajadoras de la educación que vemos cómo la crisis social y económica estalla en las escuelas.

"Escuela refugio", también dijo el señor Thomas. Pero las escuelas se encuentran con pocas condiciones materiales para hacerle frente a la pobreza, al hambre y a la desesperación. No hay “método moderno” que nos tape la realidad que vivimos; no hay ítem aula que nos provoque miedo. La emergencia educativa es innegable.

Por eso, la importancia de unirnos en la misma lucha con las familias, que son trabajadoras, y están en la misma situación. Por eso la importancia del debate sobre los modos de sostenerla colectivamente.

La escuela es un espacio común en los barrios y comunidades en el que encontrarnos para descubrir las formas, en común, de hacer frente a esta crisis.

No nos subestimen.

Para nosotros y nosotras las vidas de cada estudiante vale, por eso queremos las mejores condiciones y no el desfinanciamiento, la decadencia, la emergencia que hay en las escuelas, mientras se sigue pagando a especuladores una deuda fraudulenta que no nos corresponde.

La realidad de las familias nos duele y son las nuestras también. Por eso queremos ponernos de pie frente a la crisis.

La realidad de otros sectores de trabajadores y trabajadoras no nos es ajena. Nuestros estudiantes son de familias vitivinícolas, de la salud, colegas trabajadores y trabajadoras de la educación, municipales, metalúrgicos, de la construcción, hacen changas o están desocupados y desocupadas.

Si estas formas de solidaridad que están emergiendo, apareciendo y multiplicándose, se hacen más conscientes y empezamos a tomar nota de lo que nos une y la fuerza que tenemos, podremos saldar cuentas con los gobiernos, organismos de créditos, especuladores, poderosos, dirigentes sindicales que no nos representan, etc., que pretenden que paguemos una crisis, que no generamos.

En ese camino estamos y seguimos. Esta semana retomamos el paro y ya se prevé alto acatamiento y apoyo. Serán 72 horas desde el lunes. El miércoles desde las 10hs nos movilizamos a Casa de Gobierno junto a otros gremios. Seremos miles. Daremos lección de lucha otra vez, señor ministro.




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