Juventud

UNIVERSIDAD NACIONAL DE TUCUMÁN

Se reabrió el comedor estudiantil, la lucha sigue

Cerrados por la última dictadura militar, la pelea por comedores es una demanda estudiantil desde hace décadas. El gobierno y el rector quieren un comedor para pocos.

Maximiliano Olivera

@maxiolivera77

Viernes 13 de noviembre de 2015 | Edición del día

En el mediodía de ayer, se reabrió un comedor estudiantil que funcionará en la Facultad de Filosofía y Letras pero que funcionará también para los estudiantes de Psicología, Odontología y Educación Física. La jornada fue vivida como un triunfo por parte del movimiento estudiantil a la vez que persisten los reclamos hacia las autoridades del Rectorado y del gobierno nacional.

La apertura de comedores estudiantiles fue una demanda motora para el movimiento estudiantil tucumano durante décadas. En los últimos años, ocupó un lugar en los reclamos que impulsaron los conflictos estudiantiles. En el último, de 2013, se tomaron hasta cinco de las trece Facultades y hubo movilizaciones de miles de estudiantes. Durante ese proceso, los estudiantes pusieron en funcionamiento “la comisión del Comedor”, que además de garantizar la alimentación de cientos de estudiantes durante las tomas, elaboró un proyecto de Comedor que se discutió en asambleas y se presentó ante las autoridades del Rectorado.

Durante meses que se hicieron años, las autoridades pertenecientes a la gestión de Juan Alberto Cerisola, primero, y Alicia Bardón, después, llevaron el proyecto presentado por los estudiantes por mesas de entradas, comisiones y secretarías diversas, con el fin de modificar lo mayor posible el mencionado proyecto. El proyecto contemplaba, de mínima, una sede en Filosofía, otra en la ex Quinta Agronómica y una sede céntrica.

El resultado fue una remodelación de un espacio donde funcionaba un bar en Filosofía y Letras (conocida como “el aula bar”, ya que allí se cursaba antes de 2013) con fondos nacionales elementales. La UNT financia con fondos propios y coordina lo que denominaron “prueba piloto”, hasta recibir financiamiento por parte de la Nación (sin fecha aún). Como consecuencia, solo existe un turno diario de 12 a 14 para 150 comensales con un menú de $18. Por si fuera poco, fue abierto un día antes de que finalice el cursado en las carreras.

Los estudiantes festejaron la apertura del comedor pero dejaron en claro las intenciones de seguir organizados por el financiamiento, un menú más barato y más turnos. El primer paso fue organizar una olla popular, de donde comieron los estudiantes que quedaron por fuera de los 150 platos del comedor, con un menú de $8. También se descubrió una placa en homenaje a Mario Corbera, integrante de “la comisión del Comedor” surgida en 2013, quién falleció en un trágico accidente.

Los estudiantes que fueron parte de la organización de la olla popular criticaron a la conducción del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras (la agrupación Nueva Línea), ya que en plena campaña por las elecciones de Centro sostuvieron que ellos aseguraron la conquista del comedor con la presentación de notas.

Parte de una tradición estudiantil combativa

La defensa de los comedores fue una parte constitutiva de un movimiento estudiantil combativo de los 60 y 70 que ganaba las calles por sus demandas y se ligaba al movimiento obrero, enfrentando dictaduras como la del Onganiato.

Entre el 10 y 14 de noviembre de 1970 los estudiantes defendieron al comedor ubicado en la calle Muñecas al 200 de la decisión de Juan Carlos Onganía de cerrarlo. La contundencia de la lucha estudiantil llevó a que se la denomine “el segundo Tucumanazo”, consiguiendo no solo que se mantenga abierta la sede en calle Muñecas, sino también la apertura de nuevas sedes en Ayacucho al 800 y en el predio de la Quinta Agronómica.

Tras el golpe genocida del 24 de marzo de 1976, los comedores fueron cerrados un 2 de abril.

Uniendo paso y presente, el historiador Rubén Kotler escribió: “Vaya mi recuerdo por delante para el estudiante salteño asesinado por la Dictadura de 1972, Víctor Villalba, símbolo de una lucha estudiantil empecinada en reclamar por sus derechos y de Juan Carreras, delegado de la carrera de Bioquímica, quien formaba parte de los responsables de las becas en el comedor, secuestrado y desaparecido el 16 de septiembre de 1976. Por medio de ellos a todo el movimiento estudiantil que nunca bajó los brazos para conseguir la reapertura de un espacio más que importante desde el plano simbólico más también material”.







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