×
×
Red Internacional

Mariano González en su habitual paso por el programa Eso Que Falta en FM La Tribu, realiza un repaso por las principales discusiones y anuncios alrededor del mundo del trabajo dentro del Frente de Todos.

MG: Teniendo en cuenta la cercanía a las elecciones definitivas, que terminan de consolidar la composición legislativa, vemos que -de forma velada o muy explícita- el mundo del trabajo sigue en el centro de los debates políticos.

Está el proyecto de la oposición de Juntos por el Cambio, que se monta sobre la quita de indemnizaciones bajo la siguiente premisa que es muy importante retener: el problema del trabajo (o para ser más exactos, la falta de él) encuentra su causa en los derechos laborales de les trabajadores o en los llamados costos laborales. Sobre este proyecto hablamos algunas columnas atrás, así que hoy nos parece interesante profundizar un poco más en la forma en que el problema del trabajo aparece en las distintas vertientes de la coalición gobernante del Frente de Todos.

Las últimas semanas fueron muy ricas en definiciones y gestos políticos dentro del oficialismo que se expresaron en reuniones, entrevistas que dieron sus principales candidates y discursos en actos públicos y demás, que ameritan el intento de pensar y desmenuzar algunas de estas definiciones, atendiendo alas consecuencias que tienen para el mundo del trabajo en general, para los trabajadores, los salarios, las condiciones laborales, etc.

Escuchá la columna acá:

Si tuviéramos que hacer un mapeo muy general sobre estas vertientes, podemos decir que en la coalición coexisten al menos tres grandes líneas sobre cuál debiera ser la orientación política alrededor del mundo del trabajo:

  • Una primera ligada a la institucionalización de los movimientos sociales con la implementación de salarios complementarios y la inserción de los movimientos sociales en el Ministerio de Desarrollo, expresada en una parte de los llamados cayetanos y más precisamente en el Movimiento Evita.
  • Hay una segunda línea más “clásica” que sostiene que el Estado debe resolver la desocupación “creando empleo”, y en la que se puede ubicar al sector más albertista, con el presidente a la cabeza.
  • Y una tercera que impulsa una renta básica universal o salario universal que se expresa sobre todo en la línea de la UTEP con Juan Grabois a la cabeza pero también con Claudio Lozano, Director del Banco Nación.

Creo que justamente entre estas tensiones entre las vertientes, lo que termina primando es la combinación entre una especie de inmovilismo junto con el lanzamiento de programas que no terminan de definirse en ningún sentido: ahí se puede situar al nuevo anuncio denominado Plan Puente al Empleo. El lunes Alberto Fernandez firmó un decreto que da vida al lanzamiento de este programa de reconversión -según sus propios términos- de planes sociales en trabajo. Vale decir que todavía no están del todo claros los contornos del proyecto. De todas formas, recordemos que este tipo de anuncios ya habían sido realizados bajo la gestión de Mauricio Macri.

E: Es verdad, al principio, cuando conservó el volumen de planes sociales, hablaba en su discurso de convertirlos en trabajo real y no se había presentado tampoco un plan de acción que ordenaran ese pasaje.

MG: Exactamente, eso había sido parte de los anuncios del macrismo sin que generasen ningún impacto en el mundo del trabajo. Sobre este DNU firmado por Alberto Fernández hay una serie de críticas que vale la pena repasarlas. Hay una muy interesante que está en el punto de partida mismo y se expresa en los marcos de enunciación que están claramente diseñados para seducir a un electorado “anti-planes”, con toda la carga estigmatizante que esto tiene. Entonces bajo esta retórica de “transformar planes en trabajo” se incurre en un primer error por lo menos conceptual, con grandes implicancias sociales, al invisibilizar o ningunear el hecho de que del otro lado del cobro de los planes ya hay trabajo: hay tareas del cuidado, hay tareas de reproducción social, hay trabajos ligados a la economìa popular, al sostenimiento de comedores populares y tejidos comunitarios. Porque aunque sean trabajos que no se valorizan en términos capitalistas, no dejan de ser trabajos.

El segundo problema es que este proyecto puede transformarse muy rápidamente, y siendo bondadoso con el diagnóstico, en un nuevo subsidio al capital (otro más y van...) porque en última instancia lo que hace el Estado es una gran transferencia de recursos: ofrecer una fuerza de trabajo “subsidiada”, más barata para el capital mientras que la parte empleadora utiliza el total del plan que el beneficiario cobra como parte del salario que el trabajador va a percibir. Es decir, una suerte de estímulo a la demanda de trabajo para el sector privado, lo que nos lleva a observar que el balance que hace el gobierno termina siendo muy similar al de la oposición de Juntos por el Cambio. No sólo por el hecho de que el plan “empalme” había sido impulsado por el macrismo, sino porque el diagnóstico que está detrás de esto, aquel que anunciamos al principio de la columna que había que retener: que el problema del trabajo es un problema de costos laborales. Ese diagnóstico es compartido.

Si seguimos avanzando por el entramado de gestos y anuncios, nos topamos con que ya todas las voces del gobierno anuncian que después de las elecciones de noviembre, llamarán a una especie de gran acuerdo, convocando a oposición, empresarios y sindicatos. Ante esto uno advierte también que pareciera que la convocatoria empezó temprano, porque (y esto lo cuenta Diego Genoud, en su editorial del día domingo del DiarioAr), Alberto Fernández junto a Manzur, Massa y Wado de Pedro, recibieron en casa Rosada a los llamados “dueños del país”: que son un conjunto de empresarios que van desde Francisco De Narváez hasta Marcelo Mindlin, pasando por la mano derecha de Galperín y Eurnekian

E: Que salieron muy contentos según sus propias declaraciones...

MG: Si, totalmente, estaban todos muy entusiasmados con lo que les había manifestado Alberto Fernández. De Narváez era uno de los más entusiasmados por la reunión. Que además se diagramó en la casa de Jorge Brito hijo, bajo el requisito de que aquellos que acudieran, se encontrasen dispuestos a colaborar con el gobierno de cara al 2023. Es decir, es una convocatoria desde y hacia un gobierno que busca emparchar su debilidad, que quedó manifiesta por la derrota electoral de las PASO, recostándose sobre el empresariado nacional y construyendo (parafraseando a Julián Domínguez aunque él lo dijo en relación a las patronales agrarias) un lenguaje común con este sector.

Entonces se impone la siguiente pregunta: ¿qué significa para un gobierno debilitado políticamente construir este lenguaje común con el empresariado? Teniendo en cuenta también lo que el propio Leandro Santoro admite cuando, en una entrevista con Alejandro Bercovich, dice que la opinión pública mundial gira a derecha y esa es la razón por la que no se pueden levantar todas las banderas juntas o algunas banderas. ¿Qué significa esa declaración en este marco? En este caso es un llamado a resignarse con lo que hay. Un llamado a resignarse con lo que hay, en un contexto en el que los empresarios tienen muy claras cuáles son sus demandas: de mínima sabemos que están pidiendo la eliminación de la doble indemnización y de la prohibición de despidos (cosa que ya Alberto Fernández validó en el coloquio IDEA).

Todo en un contexto que sigue siendo de emergencia en cuanto al trabajo porque a pesar de que existe una baja en el índice de desocupación en relación al momento más duro de la pandemia, existe también una baja en los niveles de actividad. Entonces lo que hay es una recuperación débil y sobre todo heterogénea, donde muchos sectores no se recuperaron, mientras otros manejan ya niveles de actividad similares a los de la situación pre-pandemia. Y recordemos sobre todo que, entre los sectores que muestran mayores signos de recuperación existe una tendencia a la ausencia de generación de puestos de trabajo, que no volvieron a alcanzar los niveles pre pandemia. De modo que no existe lo que se considera una “circulación virtuosa”, sino una sobrecarga de horas de trabajo en menos trabajadores: mismo nivel de actividad, menos cantidad de trabajadores, mayores ritmos de producción.

E: Mariano, viste que últimamente lo notaste, esta idea de instalar en la opinión pública el tema de los costos laborales, las cargas que tienen los empresarios y los empleadores en cuanto a los trabajadores y trabajadoras. En diferentes medios hegemónicos, es una idea que por lo menos hace una semana o más está haciendo eco en diferentes lugares. Y esta idea de no contratar más gente porque no llego a fin de mes. Lo dicen no sólo empresarios sino que también aparecen casos de pequeños comerciantes, el kiosquero, el que tiene una librería, etc. Pero lo que no entra en el planteo es que existe gente que se queda sin trabajo, eso no entra en el planteo. Se pone el foco en la carga de los costos laborales y no se piensa que es gente que se está quedando sin trabajo.

MG: Sí, totalmente, y esto en un contexto donde el salario está en uno de sus pisos de los últimos cinco años. Me imagino que también te referirás a las declaraciones de Brancatelli. Eso refuerza un sentido común pero lo cierto es que del total de los gastos del empresariado, los denominados costos laborales no representan un porcentaje sustancial o mayoritario; porque lo que hay también es un problema de baja productividad. Y en esa misma dimensión creo que se da una operación que conversábamos algunas columnas atrás y es que en esta instalación de un sentido común, el oficialismo empieza a hablar el lenguaje más descarnado de la derecha, hablando esta especie de lenguaje común que después se traduce en consecuencias materiales sobre el conjunto de les trabajadores y en el marco de una avanzada del capital.

E: Sí, y también las narrativas que se van instalando, teniendo en cuenta la cantidad de laburantes en negro que hay. En ese sentido no hay ningún tipo de costos laborales y nadie está hablando de eso y en cómo resolverlo. Se pone el foco en “me cuesta mucho mantener un empleado”. Es indignante escuchar ese tipo de declaraciones en medios de comunicación y es algo que se empieza a instalar y a circular también en la calle.

MG: Sí, se va construyendo una especie de sentido común. Yo creo que ahí hay una gran responsabilidad de la dirigencia del espacio político oficialista. Sin querer hacer de la columna una especie de análisis del discurso, me parece que todo este derrotero que venimos trazando, se corona con algunas definiciones que surgen del discurso de Cristina Fernandez de Kirchner en el acto de cierre organizado por los jóvenes de La Cámpora el sábado pasado y que para mi tiene varios elementos importantes.

En primer lugar es llamativo que en la antesala al 17 de Octubre, fecha fundacional del peronismo y en la ex Esma, gran parte del discurso estuvo destinado, por un lado, a nublar las aspiraciones de su base, sobre lo posible y no lo posible (muy en línea con las declaraciones de Leandro Santaro que mencionaba antes); y por el otro lado, en recordarle a los empresarios las bondades que el peronismo representa para ellos. Y creo que esto no puede pasarse por alto. Porque acá de nuevo se abren preguntas: el discurso dura unos 40 minutos y yo al menos conté que a lo largo por lo menos cinco veces nombró y llamó al pacto entre capital y trabajo.

¿Qué significa un llamado a este acuerdo en un contexto marcado a todas luces por la avanzada del capital sobre el trabajo? Donde aún estamos inmersos en una crisis sanitaria sin precedentes, que todavía no culminó y a eso hay que sumarle el hecho de que el total de la masa salarial del ingreso total nacional está en el piso desde el año 2016, que es el año de comienzo de la serie estadística. Mientras que el excedente bruto de las empresas, o lo que emparentaríamos con la rentabilidad empresaria, está en su punto más alto. Me parece entonces que llamar a un pacto en el marco de esta avanzada tan brutal del capital, tiene consecuencias y uno ya las puede avizorar.

Otra definición a la que hay que prestarle atención es la que hace sobre el capitalismo, como un sistema de producción de bienes y servicios - (más allá de querer explicar períodos históricos con la película Good bye Lenin)- escindible del plano político, para luego agregar que el pilar fundamental de este sistema, según CFK, son los consumidores. Vemos un desplazamiento, en términos discursivos, pero que tiene claras consecuencias políticas, donde el pilar pasan a ser los consumidores y no los trabajadores; donde la apelación a los trabajadores está dada por el llamado al pacto con el capital.

Me parece que en una víspera fundacional para el peronismo, este desplazamiento no es poca cosa. Y que además coincide con lo que varios analistas llamaron persistencias neoliberales al interior de los doce años de un gobierno “post-neoliberal”, bajo el cual los sectores populares fueron incorporados e integrados en mayor medida vía consumo. Lo que significa una incorporación despojada de toda potencia en tanto trabajadores y pasivizados vía consumidores.

Ese movimiento es audaz y peligroso porque sigue poniendo de relieve la pregunta del inicio: ¿En qué lugar del proyecto político oficialista están los trabajadores? ¿Están reducidos a su mínima expresión de consumidores, es decir, desplazados a la pasividad? ¿Es un lugar esquivo, sujeto a las decisiones de sus direcciones burocráticas que tensan la distancia entre representantes y representados? Un claro ejemplo de esto es el acuerdo en Toyota entre la empresa japonesa y el SMATA, donde en nombre de la productividad se firmó una reforma que intensifica el trabajo, haciendo perder a los trabajadores el día sábado como día libre.

Teniendo en cuenta estos elementos recorridos más la muestra de este acuerdo entre el SMATA y Toyota, uno puede intuir hacia dónde irán los “acuerdos” que propone el gobierno entre empresarios, sindicatos y oposición: en la línea de transformarse en avales de las pretensiones empresariales para consolidar lo que hoy de hecho ya está pasando. Esto es, validar una fuerza de trabajo barata y flexible que ya existe. Bajo la luz de un acuerdo entre las partes se reviste eso de una especie de halo consensual y se valida ese lugar de precariedad de la fuerza de trabajo.

Por supuesto ante esto hay y habrá respuesta de les trabajadores porque este desplazamiento que hace Cristina en su discurso no es trasladable a la realidad, donde efectivamente les trabajadores discuten e incorporan entre sus demandas temas como la repartición de horas de trabajo entre ocupados y desocupados y eventualmente eso genera presiones tanto hacia sus direcciones sindicales como hacia los gobiernos. En esa tensión se resolverá y se verá si la tan codiciada paz social de la que también habló Santoro junto con el llamado a la resignación se imponen, o si lo que avanza es la voluntad de lucha que encauce estas demandas e imponga una salida de los trabajadores a la crisis. El escenario de los meses venideros está abierto.




Comentarios

DEJAR COMENTARIO


Destacados del día

Últimas noticias