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Red Internacional

En la ropa hallada en la mochila en septiembre de 2020 (un mes después de ser encontrado el cuerpo del joven de Pedro Luro) se detectaron rastros de quemaduras y roturas. Los peritos aseguran que esas marcas se produjeron estando las prendas puestas. Se hunde cada vez más la hipótesis del "accidente".

Daniel Satur@saturnetroc

Martes 21 de septiembre | 02:33

El jueves 16 Cristina Castro y sus abogados Luciano Peretto y Leandro Aparicio se reunieron con les tres fiscales que están al frente de la causa por la desaparición forzada seguida de muerte de Facundo Astudillo Castro. Allí Iara Silvestre, Andrés Heim y Horacio Azzolin les informaron sobre los avances de la investigación.

Particularmente compartieron las conclusiones de las pericias realizadas a las prendas de vestir que se encontraron dentro de la mochila de Facundo, junto a sus teléfonos y otras pertenencias, un mes después del hallazgo del cuerpo del joven en un cangrejal de Villarino Viejo.

Horas después del encuentro con les fiscales, Cristina expresaba a través de las redes sociales lo que sentía tras recibir semejante información, más allá de los tecnicismos forenses y las cuestiones procedimentales.

Vale recordar que el hallazgo de la mochila tuvo un tinte realmente mafioso. Fue el 12 de septiembre de 2020, a cuatro kilómetros aproximadamente del sitio donde un mes antes había aparecido el cuerpo. En su interior, entre otros objetos personales, estaban los dos teléfonos ya inutilizables, los mismos que se habían activado en antenas de Bahía Blanca una vez desaparecido Facundo. También su gorra, totalmente limpia. Y la ropa que llevaba puesta el día en que se lo vio por última vez, totalmente embarrada.

Era como si él mismo se hubiera desnudado y guardado allí la ropa antes de morir ahogado “por accidente”, según la versión difundida por el Gobierno bonaerense a través de Sergio Berni y sus voceros mediáticos.

Quemaduras y roturas

“Enfrentando la verdad con dolor”, escribió Cristina en sus redes. Efectivamente los últimos días no fueron fáciles para ella. Mientras en las altas esferas del poder Aníbal Fernández, un amigo de la Bonaerense y de Sergio Berni, era puesto al frente del Ministerio de Seguridad de la Nación, ella escuchaba que su hijo muy probablemente fue torturado por la misma Policía que conduce la gobernación de Axel Kicillof.

La firme presunción de las torturas surge de las pericias realizadas a las ropas encontradas en la mochila, de las que los resultados se acaban de conocer. Fuentes con acceso a la investigación dijeron a La Izquierda Diario que los resultados de esas pericias son de las cosas más fuertes que tiene la causa.

Pruebas que se complementan y potencian con los hallazgos del amuleto, la turmalina y cabello con ADN compatible al del joven en dependencias policiales y patrulleros, con los testimonios de los pescadores que encontraron el cuerpo la tarde del 15 de agosto de 2020 en el cangrejal y con los mensajes extraídos de los teléfonos de los policías Jana Curuhinca, Sionara Flores, Mario Sosa y, muy especialmente, Alberto González.

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El análisis de las prendas estuvo a cargo de peritos de la División Huellas, Rastros e Identificaciones Biométricas del Departamento Criminalístico de la Dirección de Criminalística y Estudios Forenses de la Gendarmería. Una fuerza que no podría ser sospechada de querer perjudicar a la Bonaerense, menos en un caso donde la víctima es un joven pobre.

Dentro de todo lo analizado, a les fiscales les interesó en particular lo que los peritos dicen que hallaron en las remeras de Facundo. Y así se lo hicieron saber a la familia.

Según el informe incorporado al expediente, una de las remeras que vistió Facundo aquel día tenía dos orificios de seis y tres centímetros respectivamente, uno en la zona de la axila derecha y el otro en el centro del borde inferior de la remera, a la altura de la ingle.

Ambos agujeros fueron provocados, “aparentemente” dicen los peritos, mediante “un elemento térmico”, es decir con un objeto quemante. E infieren que Facundo tenía puesta la remera al momento de producirse las quemaduras, ya que éstas están del lado delantero de la prenda y no del lado trasero, como si ambos lados hubieran estado separados por alguna materia.

En otra de las remeras que tenía Facundo, también en la parte delantera, se halló una rotura en la manga izquierda con desprendimiento parcial de tela, aparentemente realizada con “algún elemento químico corrosivo”. Otras dos roturas en la parte de abajo, una realizada con algún objeto con calor y la otra corroída con algún agente químico.

La parte trasera de esa segunda remera tiene cuatro roturas por desgarro en la manga izquierda. Y en el sector inferior otras tres roturas, una a la izquierda, otra en el centro y una tercera a la derecha, que al igual que la otra remera se visualizan sólo de un lado y no del otro, como si un cuerpo hubiera estado dentro al momento de ser quemadas con algún “elemento ígneo de incidencia directa”.

Por último se analizó una camiseta de Boca de Facundo, también se verificaron quemaduras de diversas formas y tamaños aparentemente realizadas con la prenda colocada por estar de un solo lado de la camiseta.

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“¿Fue con picana? ¿con cigarrillos encendidos? ¿con un encendedor?”, se preguntan las fuentes del caso. Y hay definiciones en el informe pericial que generan interrogantes importantes, referidos a qué tipo de instrumento o arma se podría haber utilizado para producir los efectos descriptos.

Lo cierto es que cuando les fiscales informaron el resultado de esos estudios a las querellas, tanto de la familia como de la Comisión Provincial por la Memoria, se hizo fuerte la idea de que Facundo seguro fue víctima de torturas antes de morir.

“Queremos darle el grado de importancia más allá de lo doloroso que resulta para Cristina saber que su hijo fue lesionado previamente al deceso, esto implica la violencia con la que se produjo su desaparición seguida de muerte, que también echa por tierra la hipótesis del accidente”, dijo el abogado Luciano Peretto este lunes en declaraciones por FM De la Calle.

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Marrón

Además de las pericias en curso, en la causa aún se esperan dos resoluciones de la Cámara Federal de Casación de Bahía Blanca respecto a la jueza Marrón. Una se refiere a la queja elevada por les tres fiscales para que los camaristas atiendan el pedido de recusación de la jueza, a quien acusan de interponerse ilegalmente en sus tareas investigativas y de prejuzgar en favor de la Policía Bonaerense, negando deliberadamente la desaparición forzada como hipótesis cuando las pruebas son contundentes en ese sentido.

La otra resolución, ligada a la primera, debería fallar sobre el pedido de nulidad de la incorporación a la causa que hizo la jueza de un estudio oceanográfico que pidió con el objetivo de convalidad la hipótesis del "accidente". Hecho que los fiscales sindican como una intromisión en tareas que les son propias.

Sabiendo cómo se maneja el Poder Judicial, probablemente la Cámara rechace el pedido de recusación con alguna excusa procesal o por simple desestimación de los argumentos de les fiscales. Lo que les resultará más difícil a los camaristas es negar que el encargo de un estudio oceanográfico a una institución del Estado no estuvo avalado por quienes son los responsables directos de la causa. Y si la Cámara les da la razón, inevitablemente Marrón se verá en problemas. Su corrimiento del caso debería ser la consecuencia inmediata. Lo contrario sería un escándalo de proporciones.




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